Oficina de Arquitectura

Matías Ruiz (1978) estudió arquitectura en Uniacc y en la actualidad encabeza Matías Ruiz Arquitectos Asociados, oficina dedicada tanto a la arquitectura como al diseño, donde se desarrollan variados tipos de proyectos que abarcan desde casas, edificios habitaciones, oficinas corporativas, encargos inmobiliarios y de uso comercial hasta diversas asesorías en el ámbito del interiorismo para distintas inmobiliarias. La activa participación en concursos de arquitectura también marca una línea de acción constante del estudio, lo que se traduce en un interesante ejercicio creativo para el taller. La arquitectura y el diseño se conjugan en la trayectoria de Matías Ruiz, dos ámbitos en los que se ha destacado a lo largo de los últimos 15 años y que lo han llevado a ser reconocido tanto en Chile como en el extranjero, a través de publicaciones especializadas en ambas materias, destacando las casas El Molino y El Vigilante, y la Silla M100 y la Stick Lamp L120 (Mención Honrosa en el Salón Satélite de Milán 2013).Recientemente, además, expuso su trabajo de manera integral en el muestra “¿Por qué los arquitectos diseñan sillas?" en Espacio AIEP.

Separar arquitectura y diseño puede parecer simple si se enumeran los distintos proyectos que Matías ha realizado, pero en el día a día resulta más complejo, porque ambos mundos viven en su mente que se dispersa entre estas dos pasiones. En sus palabras, la diferencia radica en que “la arquitectura requiere de un cliente y un lugar, pero para diseñar una silla o un objeto no se necesita contexto”. Hay sí sólo una manera de “hacer”, la que tiene implícita el rigor y el trabajo constante, claves que develan en parte su personalidad. Lo confiese o no, si no está diseñando, está diseñando; si no está proyectando, está proyectando. Dibuja mientras habla y habla mientras dibuja.  Arquitectura y diseño se potencian y complementan así en la versatilidad de encargos y escalas de proyectos que ha realizado desde el año 2006 cuando construyó su primera casa en Algarrobo y estableció la oficina RUIZSOLAR Arquitectura y Construcción, sociedad que finalizó en 2018.

 

Antes, Matías había realizado proyectos de vivienda social junto a Jorge Olazábal y formó parte de la oficina del arquitecto Arturo Erlwein, donde encabezo el desarrolló de edificios habitacionales en distintas comunas de Santiago. Además, trabajó en encargos junto a su padre, el arquitecto Camilo Ruiz L, con quien diseñó casas en el sur de Chile y una serie de clubes de yates. Ya de manera independiente, los inicios estuvieron marcados por encargos de arquitectura interior para diversos espacios comerciales. Si de referentes se trata, Matías recuerda que Rem Koolhaas lo sorprendió en sus años de estudiante, lo mismo que los libros de arquitectura que todavía conserva y que compraba en la librería Contrapunto de Providencia. En esos años de universitario también descubrió que el dibujo a mano, práctica que lo acompañaba desde niño, podía complementarse con AutoCAD, programa que recién comenzaba a masificarse. De ahí en adelante no hubo vuelta atrás. Fueron años de cambios vertiginosos, cuando proyectar en 3D era algo inusual y casi utópico. Al recordar su paso por la universidad, Matías se detiene en el arquitecto Fernando Cifuentes Soro, en el taller que impartía y en un encargo que debió realizar para el curso: “La casa del escritor”. Sin darse cuenta, su propuesta desarrollaba el “gesto” de estar sentado y escribiendo, y fue el profesor quien lo evidenció y cambió la percepción de Ruiz sobre su propio proyecto. Ese momento marcó un hito, porque proyectar de acuerdo a las necesidades del usuario se ha transformado en una premisa muy importante. Quizá, “El Vigilante”, el sugerente nombre con que bautizó una casa construida en Catapilco en 2015, en la IV región, rememora esas conexiones entre gesto, forma y función. El arquitecto Yves Besançon, socio de ABWB, director de la Escuela de Arquitectura de Uniacc en ese entonces, acota: “Su obra destaca por su versatilidad y coherencia. Demuestra una gran búsqueda para diseñar y tiene mucha creatividad. Sus proyectos conversan con el contexto, sin embargo existe en su singular manera de ver la arquitectura una gran preocupación por la forma sin olvidar su conexión con la función. Es un estudioso de cada una de sus proyectos y manifiesta honestidad y simpleza al entregar las soluciones que amerita el encargo”.

Al repasar la trayectoria de Matías se reitera el acabado estudio que implica cada uno de sus proyectos y cómo este análisis determina un resultado que cuida cada parte del proceso.

“La arquitectura de Matías, sobre todo en sus obras pequeñas, reflejan una gran pasión por buscar lo simple, lo medular y modular, la perfecta geometría entre el plano y espacio interior y exterior, con una gran preocupación por el volumen y sus proporciones, y por la posibilidad de enaltecer las formas, a la manera de una escultura de pequeña dimensión. No es raro entonces que haya fabricado en cerámica algunas de sus obras, las que, a escala, son por sí mismas pequeñas obras de arte. Si uno lo sigue en sus obras construidas, como también en las no construidas, en sus proyectos e ideas, en ‘el clásico rectángulo’ o el ‘workingprogress’ –como el mismo señala en su cuenta de Instagram (@matias_ruiz_arquitectos ) se da cuenta de la incansable búsqueda de lo simple, lo funcional y lo justo. Ni más ni menos. Pareciera que cada espacio proyectado y creado es estudiado al milímetro, para así no hacer nada de más, nada que sobre, ni en su medida ni en su materialidad. Eso se llama síntesis y racionalidad”, agrega el arquitecto Ramón Valdés. Todos los conceptos asociados a la arquitectura de Matías Ruiz son parte fundamental de sus obras como diseñador. Claro que hay matices, algo de ironía y quizá un “juego” que él se permite en este campo. Por lo mismo, la realización de prototipos ha sido una constante. Uno de los primeros fue para la Book Chair (2009), silla de madera que ofrece la posibilidad de llenar sus vacíos con libros.

“Se nota su concentrada investigación para llegar a lo simple. Más bien lo recorre la poética de la forma. Un forma de concebir lo discreto, una maduración de su pensamiento”, afirma el destacado diseñador y actual director de la Escuela de Diseño, Arte y Comunicación de AIEP, Hernán Garfias quien cree que la clave que explica por qué Ruiz ha podido desempeñarse en el campo de la arquitectura y el diseño es porque se trata decaminos compatibles.“El diseño nació de esta forma, con arquitectos que hacían muebles y objetos cuando no existía la profesión llamada diseño. La primera escuela de diseño fue fundada por arquitectos, quienes dieron forma y fundamento a su enseñanza, corría el año 1919 y la Bauhaus inventó los talleres de metal, madera, vidrio, cerámica, textil y gráfica. Así se sigue formando hasta el día de hoy. No olvidemos que diseño significa design, que en italiano se traduce como dibujo, o sea, la mano que dibuja para la arquitectura, las artes visuales, el mobiliario, el objeto y la gráfica”. Guillermo Parada, uno de los fundadores del estudio de diseño, arte y arquitectura gt2p, lo sintetiza así: “Matías, como arquitecto y diseñador, tiene en su ADN esa tradición moderna (bauhausiana) del diseño, esa idea de industrializar y tratar de alcanzar a la mayor cantidad de personas posibles integrando una dimensión artística y compositiva por medio de los detalles y cómo estos los fabricaría la industria, enfrentada a una muy específica funcionalidad cotidiana. Desde ese punto de vista, pienso que es uno de los pocos intentando hacer diseño industrial de verdad, generando hallazgos como la silla de cuerda (un sistema constructivo) o la anti jaula que, al eliminar algunos barrotes, transmite una postura clara y directa frente al trato animal”. Parada se refiere a la Happy Birds (2014), elemento absolutamente abierto que sirve de cobijo y alimento para las aves. El diseño se origina a través de la observación. “Por qué no hacer una jaula que estuviera abierta, pensé”, explica Matías. Esas casualidades o ideas fugaces se repiten en su proceso creativo. La silla M100 (2012), por ejemplo, nace luego de que su mujer –la diseñadora Magdalena Olazábal– trajera desde Buenos Aires varios metros de cuerdas de colores que le resultaron atractivos. Matías se preguntó entonces cómo seria una silla que integrara cuerdas. Desde entonces, la “familia” se ha ampliado y hoy está compuesta, además, por la M100 Cooper Edition (2013), la M100 Rocking Chair (2015), la M100 Black Edition (2015), la Butaca M200 (2014), la M300 (2016), la M400 (2018) y la UpDown Lamp (2019).